Las creaciones  iniciales de William Shakespeare, fueron las obras dramáticas cuyo fondo temático muestra  la tradición histórica de Inglaterra  a través de diversas crónicas medievales, por eso  hay obras de auténtico valor, como el exótico Ricardo III centrado en la perversa  figura del rey imperfecto, que obsesionado por el poder transcurre su reinado embaucando, traicionando y asesinando. Y, si esto causa escalofríos, es aún más impresionante  la concepción de Martín Barreiro, no sólo por el tema principal, si no por la imponente puesta en escena de su obra homónima en el Teatro El Convento, un indudable patrimonio intangible, icono cultural.

La trama original, pone en el centro del drama al usurpador Ricardo, duque de Gloucester, que escondiendo bajo benignas apariencias sus diabólicos planes, hace que su hermano sospeche del otro hermano, duque de Clarence, y lo ponga en prisión; luego, ordena que sus sicarios lo maten. Ricardo corteja a Ana, viuda de Eduardo, príncipe de Gales,  pero ella lo rechaza, aunque más tarde, después de haberlo insultado, cede a sus pretensiones de amor. Muerto Eduardo IV, Ricardo, convertido en protector del reino, planea para tomar el trono y con la ayuda del duque de Buckingham se hace proclamar rey. Manda asesinar en la Torre a los hijos de Eduardo IV, y saca del medio a los pares no partidarios suyos, como Hastings. Pero, la tempestad aparece y se desmorona estrepitosamente.

Desde la nueva perspectiva, vemos a tres duques en escena, todos potenciando su crueldad en un despliegue de personalidades disímiles pero con el mismo fin. Podemos analizar, como tratan de justificar sus pensamientos y sus acciones, manipulando a su entorno, emitiendo mensajes que al ser decodificados por el receptor entienden de una manera diferente a la que es, y, cuando responden  se encuentran con una persona que hábilmente les cambia el sentido de las palabras. Es un juego muy interesante de seducción, mezclado con amores y con odios, en donde nada ni nadie es lo que parece ser y donde todos son lo que son.

Martín Barreiro (Ricardo/Buckingham), Bruno Chmelik (Ricardo/Clarence) y Fernando Blanes (Ricardo/Hasting), se mimetizan plenamente con los personajes, transformándose fielmente en ellos con una preparación actoral extrema, pocas veces vista; Mimi Ferraro (Margarita/Soldado/Espectro), Lilia Cruz (Isabel/La Patria), Graciela Rovero (Ana/Asesino/Soldado/Espectro) y Sabrina Soutt (Duquesa/Soldado/Espectro), se distinguen por la emoción que las invade en cada escena, transmitiéndonos esa entrega, que nos conmueve y que nos hace valorar mucho sus actuaciones.

La percusión (Gustavo Lospennato) en vivo enaltece la puesta y agudiza nuestros sentidos dándole a cada acción un sonido único, así acompaña el decir de los intérpretes para darle una melodía propia, realmente un placer auditivo.

El vestuario y la escenografía son impecables y funcionales, demostrando que el ingenio y el amor por el arte todo lo puede.  

Esta muy recomendada, porque es una puesta dotada de un incomparable vigor dramático y una extraordinaria fuerza poética, una producción  riquísima que domina todos los registros del sentimiento, ofreciéndonos la más variada gama de situaciones y ambientes, lo terrible frente a lo cómico, lo irreal junto a rasgos de gran realismo y las más penetrantes observaciones filosóficas que revelan una profunda visión del mundo y de la vida. IMPERDIBLE

               

Estela Gómez - http://culturadelserproducciones.jimdo.com/2013/08/13/ricardo-iii/