Molière está de regreso con toda su fuerza en Buenos Aires:  

Esta nueva puesta en escena ha sido hábilmente diseñada y adaptada por el director Martin Barreiro, que lleva la acción a un club nocturno barato en los años 40. Y el elenco no tiene ninguna mujer. No es que incluya hombres vestidos de mujer, una práctica bastante común hoy en día. Simplemente, no hay miembros del bello sexo a la vista. Excepto una cantante (Lilia Cruz) en el fondo del escenario, que canta viejos temas inolvidables pero no interpreta ninguna de las partes de la comedia. En la obra original, por supuesto, hay damas visibles, pero, en este caso, Barreiro sólo las menciona por lo que hablan de ellas los caballeros. Y la táctica funciona. De hecho, esta es una muy eficaz puesta en escena, inteligente, totalmente volcada a la farsa, con mucho movimiento, caídas, que el elenco entusiasta hace con entusiasmo. Scapin ha sido confiado a Bruno Chmelik, enérgico, incansable, que no le falta el encanto necesario para tejer sus redes de engaño sobre sus víctimas involuntarias.  Al igual que en todas las obras de Molière, hay al menos un criado. Aquí es Silvestre, vivaz, a menudo perplejo, animosamente jugado por Diego Verni.  Leandro (Sergio Faya), uno de los jóvenes amantes, es su amo. Él, y el otro amante, Octavio (Cristian Cabrera), son interpretados como dos bobos estresados en gran medida por el temor a sus padres, los formidables, imponentes  y cómicamente retratados Geronte (Fernando Blanes) y Argante (Martín Barreiro). Mb Mb es responsable de la elegante escenografía, trajes y luces.

Alfredo Cernadas Quesada - Bs. As. Herald

 

El pasado sábado tuvimos la oportunidad de ver actuar a la compañía  Teatro Argentino de Cámara, en una representación del clásico de Molière, Las Picardías de Scapin. Ver una compañía independiente rescatar el genero clásico, tantas veces olvidado, fue una oportunidad única, frente a la variada oferta actual de dramaturgos contemporáneos. Un clásico se convierte así, en una opción renovada y llena de vida dentro del circuito de teatro. El adaptar la obra, re ambientarla, y llegar a buen puerto, en el íntimo espacio del Teatro del Convento, es una tarea hercúlea, y el poder deleitarla fue más que satisfactorio. En anteriores ocasiones pude disfrutar El Avaro, también de Molière, y el clásico de Montenegro, Romance de Lobos. Esta obra, y en especial, esta compañía, se convierten en una excelente opción para escapar del pochoclo (al cual también queremos) y sumergirse en una maravillosa adaptación que demuestra que hay obras, que siempre seguirán vivas, cuando las respalda el enorme talento de una compañía.

Juan Garberi

http://www.listao.com.ar/2011/04/una-noche-de-teatro/

 

Sin dudas es un desafío montar un clásico, pero a pesar de eso Martín Barreiro se animó con “Las picardías de Scapin”. La obra, a pesar de haber sido escrita hace más de 400 años, toca temáticas con vigencia actual, lo que la hacer sumamente pertinente. Scapin es un “pillo”, un personaje que ha recogido sabiduría popular y los conocimientos de un hombre mundano, un personaje que conoce a las personas y les ofrece su ayuda sin esperar nada a cambio. Si bien podemos identificar a innumerable cantidad de Scapines, en diferentes épocas y lugares, esta historia está situada en Trento. Scapin es un hombre humilde y esto se ve reflejado en su vestimenta, la cual marca una diferencia con lo demás personajes, que lucen trajes caros.

La historia nos muestra como Scapin (Bruno Chmelik) en su afán de tender una mano, se ve inmiscuido en la relación de Octavio (Cristian Cabrera) y Leandro (Sergio Faya) quienes conocen a dos muchachas y se casan con ellas aun en ausencia y sin el consentimiento de sus padres que se encontraban de viaje. Esto ocasiona diversos inconvenientes personales y económicos, es  ahí donde convocan a Scapin para solicitar ayuda.

El protagonista, reboza de simpatía y de seguridad así como de las enseñanzas de la calle, las cuales tratan de ser utilizadas para que Octavio y Leandro sorteen sus inconvenientes. El resto de los actores está a tono, todos hacen un muy buen trabajo. La ambientación, tanto en lo que respecta a escenografía como iluminación, ayudan a construir un clima propicio para el desarrollo de los hechos.

Una interesante apuesta de Martin Barreiro (adaptador y director) a un clásico.

Joaquín Chemile

http://www.showonline.com.ar/CriticaId.php?id=204